El Sueño con la Piedrita

21/04/2020
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Margot Bremer rscj

Esta irrupción de la pandemia es un verdadero kairós. ¿Qué vamos a hacer después de esta catástrofe? ¿Queremos seguir como antes o queremos buscar un nuevo “orden del mundo”?

La incidencia del coronavirus en nuestra historia humana, ha sido inesperada y ha causado verdadero pánico. Inesperadamente también hay muchas reacciones de gran solidaridad y generosidad. 

El virus ha provocado tanto luto, tanta tristeza y preocupación que ha desbordado nuestra capacidad y nuestro dolor. Al mismo tiempo esta irrupción de la pandemia es un verdadero kairós: pues a partir de esta tragedia mundial se inspiran espontáneamente poesías, cánticos y hermosas reflexiones, abriendo nuestros horizontes y recuperando nuestra esperanza. 

La amenaza de pérdida de vidas queridas y de la propia, nos lleva a pensar y repensar en lo más esencial de la vida desde una mirada distante y crítica. 

Constatamos “a lo desnudo” que estamos insertos en un sistema insostenible, ya que ha tolerado y reproducido descontroladamente injusticia, mentira, fraude y desintegración. Esta situación ha impedido a la mayoría de nuestro pueblo su derecho a una vida digna y humana. Se había olvidado de cuidar a la Madre Tierra, de la que dependemos y no se quería aceptar que con ella debemos tener una relación filial. 

Lo que nos parece increíble es que no es un batallón de sofisticados misiles de “último modelo”, sino un minúsculo virus que está amenazando al planeta entero. Un virus del que se afirma que ni siquiera es un organismo vivo, sino una molécula que nos mata, pero a ella no se la puede “matar”, solamente desintegrar, porque no tiene vida. La expansión rápida de este virus ha sido capaz de cambiar de manera impensable discursos a alto nivel político como por ejemplo: Macron de Francia y de Burkele de El Salvador.

Mirando desde nuestro nuevo “observatorio de la casa” y repensando sobre las múltiples informaciones recibidas, nos surgen estas preguntas: ¿Qué vamos a hacer después de esta catástrofe? ¿Seguiremos con nuestro silencio legitimando la escandalosa concentración de riquezas de unos pocos a costa de la vida y salud de los pueblos? ¿Queremos seguir como antes o queremos buscar un nuevo “orden del mundo”? ¿Cómo nos lo imaginamos?

Quiero recurrir aquí al mundo de los sueños. Nuestros antepasados encontraron en los sueños la respuesta a sus preguntas cuando los problemas les superaban como hoy. Hans de Wit1 nos explica el gran valor que hay en los sueños: 

“El sueño quita la coraza de las circunstancias y nos arma con una terrible libertad. …A través de los sueños penetran en nuestra vida mensajes y aspectos de otra realidad que existe y son reales como la nuestra: una realidad con su propia lógica y su propia ética. En ese sentido, el sueño es la puerta hacia la verdad, por más que nos cueste aceptarla y empezar a vivirla… Lo que soñamos está influenciado por lo que somos y lo que hacemos. El sueño nos quita la posibilidad de dominar las cosas a través de nuestro poder, nuestra inteligencia o nuestro dinero. Es el sueño que nos explica a nosotros quienes somos y quienes son los demás para mí…”.

Una situación “pandémica” en la Biblia

La Biblia nos da muchos ejemplos de personajes que tuvieron sueños importantes para todo el pueblo. Uno de ellos es el del rey Nabucodonosor, en un momento histórico2 parecido al nuestro. Lo encontramos en el libro de Daniel, escrito en la época de los Macabeos (167–142 a.C.) dirigido a los judíos bajo el Imperio seléucida (griegos) de Antíoco VI (175-164 a.C.). 

Ellos ya habían padecido la dominación de diversos imperios con culturas y religiones extranjeras: babilonios, medos, persas y griegos. Éstos querían imponerles su cultura supuestamente “superior y universal”, como los conquistadores europeos hace cinco siglos en nuestro Continente.  Fue una estrategia de “globalizar” a los pequeños reinos y quebrar de este modo su fuerza mística de resistir.

La violencia irrespetuosa de esos cuatro emperadores se expresa en cuatro animales feroces que les simbolizan3. El último -Antíoco VI- es retratado por Hans de Wit como alguien que “devoraba, trituraba y desmenuzaba más que ninguno que hubiera antes existido… La bestia es parte de su propio mundo, lo dirige, lo domina, es parte y dueña de él. Y esto significa que la bestia es parte del sistema que rige aquel mundo… es el sistema que engendra, crea, moldea, mantiene…”4. No había posibilidad de escapar de sus fauces. Los judíos se quedaron con un horizonte opaco y con miedo, encerrados en sus casas como nosotros hoy.

El sueño de la piedrita 

Daniel, un joven, sabio judío, se ofrece atrevidamente a interpretar el sueño del rey Nabucodonosor. Es la visión de una gigantesca estatua con cabeza de oro, pecho y brazos de plata, caderas y vientre de bronce, piernas de hierro y pies parte de hierro y parte de barro. Ocurre algo totalmente inesperado: “de repente una piedra se desprendió, sin ayuda de ninguna mano, y chocó con los pies de la estatua y la desplomó desde abajo hacia arriba haciéndola pedazos y polvo que el viento llevó sin dejar rastro. Y la piedra creció hasta convertirse en una montaña enorme que llenó toda la tierra” (cf. Dan 2, 31-37). 

La gigantesca estatua presenta en esta imagen a los cuatro imperios gobernados con megalomanía y soberbia. Llama la atención que el dinamismo y la actuación no comienza desde arriba, desde la cabeza dorada que piensa su propio “orden del mundo”; sino desde abajo, desde  los pies  que sostiene toda  la estatua.

Es la piedrita que pone movimiento en este escenario onírico, provocando el desplome de toda la figura que simboliza la desintegración de tal “orden del mundo”. Sin embargo, a la vez el derrumbe deja lugar para el surgimiento de otro sistema nuevo pues desde los escombros de la estatua la piedrita recobra vida y crece haciéndose una montaña que está llenando toda la tierra. Esta imagen ecológica representa la expansión venidera del nuevo orden del mundo (Dan 2, 36). 

¿Qué mensaje tendrá este sueño?

Una relectura desde nuestro momento histórico, nos invita a interpretar la piedrita como liberadora de aquellos que tenían que sostener todo aquel sistema de “extraordinario brillo y aspecto terrible” (Dan 2, 31). La piedrita estaba encerrada en el hierro pero no quería mezclarse con el mismo que estaba al servicio del sistema y era parte del mismo. 

Su desprendimiento “sin haber sido lanzada por ninguna mano” (Dan 2, 34) había sido el momento maduro y oportuno, el kairós, que interpelaba a la construcción de un nuevo mundo, desde los mismos escombros.

Así también en estas semanas atrás, se había “cumplido el tiempo” para la irrupción del COVID-19 en nuestro planeta. Sus víctimas nos recordarán para siempre que solamente desde la dolorosa experiencia pascual surgirá un nuevo mundo. Jesús nos precedió en este camino.

Conclusión

La pandemia ha conseguido afectar a toda la humanidad por igual: pobres y príncipes, científicos e ignorantes, ancianos y jóvenes. Elevó fronteras nuevas con la cuarentena, el paro y aislamiento total (quédate en casa) y a la vez las rompimos a nivel global con la comunicación tecnológica. 

La piedrita que ocasionó destrucción y escombros en el sueño de Nabucodonosor es símbolo de la irrupción del virus que amenaza derrumbar el sistema actual. A partir del desastre por el virus comenzará una nueva época.  Estamos presenciando en este momento la muerte mezclada con la vida. Todos hemos experimentado durante nuestra vida muchos momentos de muerte como encerramiento, inmisericordia, indiferencia, codicia, inacción… Pero también recordamos momentos de vida nueva cuando nos hemos unido y ayudado en interdependencia creando solidaridad y cercanía amistosa. Son experiencias-flashes de una vida en plenitud, un gusto anticipado de “otro mundo posible”.

En nuestro texto, el núcleo del mensaje bíblico nos es ofrecido cada día: “Hoy pongo delante de ti la vida y la muerte; elige la vida” (Dtn 30, 15). 

En medio de nuestra frágil e insegura realidad actual, estamos desafiados a elegir entre seguir como antes y la oportunidad de construir algo nuevo. ¿Seguimos poniendo nuestra seguridad en la estatua levantada o ponemos nuestra esperanza en la piedrita que se desprende? El sueño de la piedrita que crece y se hace una montaña que llena toda la tierra, nos anima a asumir y atravesar el misterio pascual, para crecer hacia una vida nueva en unidad umbilical con toda la Madre Tierra (cf. Dan 2, 36). Se ha cerrado el horizonte de atrás que nos interpela para abrir otro nuevo hacia delante. El sueño bíblico de la piedrita es un mensaje para todos los pueblos por los siglos de los siglos. 

Citas

1 Hans de Wit, Libro de Daniel, Una relectura desde América Latina, REHUE LTDA Santiago, Chile, 1990, pp. 109-110

2 Pero históricamente está aludiendo a Antíoco IV, uno de los tres generales que se repartieron la herencia del imperio griego de Alejandro Magno.

3 Babilonia (Nabucodonosor) = león; Persia = oso; Medo = leopardo; Griego = monstruo abominable (Dan 7, 4-8). 

4 Hans de Wit, p.21

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