Reflexiones y comentarios Septiembre 2020

30/09/2020
Compartir: 

Monseñor Enrique Díaz Díaz
Obispo de la Diócesis de Irapuato

Miércoles 30 de Septiembre

(escuchar audio)

San Jerónimo

  • Job 9, 1-12. 14-16: “El hombre no puede hacer triunfar su causa frente a Dios”
  • Salmo 87: “Señor, que llegue hasta ti mi súplica”
  • San Lucas 9, 57-62: “Te seguiré a dondequiera que vayas”

¿Cuántas personas buscaron seguir a Jesús?
San Lucas nos muestra un breve repertorio de lo que seguramente sucedería en torno a Jesús.

Al mirar sus milagros, al escuchar sus enseñanzas, al contemplar a este Jesús que se manifiesta misericordioso y compasivo, seguramente no faltaría quien se entusiasmara por querer seguirlo.
Pero Jesús es muy claro y no “endulza” la realidad para quien está dispuesto a seguirlo.

Tres condiciones aparecen como básicas detrás de estos sencillos relatos.
La primera es el desprendimiento.
Quizás muchos subyugados por lo espectacular de los milagros están dispuestos a seguir a un Mesías que les solucionará todos sus problemas económicos y materiales, amén de conseguir un poco de fama en esta empresa.
Jesús no tiene donde reclinar la cabeza y su reino no se basa en las promesas materiales.
Desapego del corazón y coherencia en el seguimiento exige a quien lo quiera acompañar.

En la segunda narración podemos percibir el ofrecimiento de Jesús de formar una nueva familia.
No es que Jesús rechace los lazos familiares, pero estos lazos no deben atar a un pensamiento y a un actuar anquilosado en la antigua ley.
De ninguna forma está exigiendo Jesús un rechazo o abandono de la familia, pero si propone una libertad y una nueva relación con su nueva familia nacida de la escucha y cumplimiento de la palabra.

Finalmente, también propone una decisión firme y sin vacilar.
No se puede volver la mirada hacia atrás.
Es muy común entre nosotros encontrar personas entusiasmadas por el Evangelio, que abren el corazón y deciden entregarse a vivirlo en plenitud.
Pero con frecuencia vamos uniendo a esta decisión una mezcla de intereses materiales que van oscureciendo nuestra decisión.

Al confrontarnos con nuevos criterios tanto en las relaciones familiares como en la coherencia entre la vida y la fe, nos vemos tentados a abandonar nuestra decisión.

No son pocas las veces que se hace una especie de acoplamiento y se reduce la radicalidad del Evangelio para acomodarlo a los propios intereses y cadenas que nos atan.

Seguir a Jesús es exigente en aquellos tiempos y también hoy.
Comparta un compromiso serio de vivir al estilo de Jesús, dejando los valores que propone la sociedad, asumiendo una nueva familia que se abre a todos los hombres y sosteniéndose coherentes en la vida con la opción que hemos elegido.






Martes 29 de Septiembre

(escuchar audio)

Santos Arcángeles Miguel, Gabriel y Rafael

  • Apocalipsis 12,7-12: “Miguel y sus ángeles pelearon contra al dragón”
  • Salmo 137: “Te cantaremos, Señor, delante de tus ángeles”
  • San Juan 1,47-51:“Verán a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre”

Hoy es la fiesta de los Santos Arcángeles.
La protección y cuidado que Dios tiene de los hombres, es manifestado en la Biblia con frecuencia a través de sus “enviados”, que es lo que significa la palabra “ángel”.

Los tres arcángeles que hoy celebramos y recordamos tienen nombres que nos indican una misión pero que al mismo tiempo nos manifiestan una característica de Dios.
San Miguel aparece varias veces en la Biblia como protector del pueblo elegido y en una lucha contra el demonio (Ap. 12,7) pero en el significado de su nombre viene a dejarnos muy en claro el primer acto que debe todo hombre tener en relación con Dios.
No puede ni debe usurpar el lugar de Dios ningún bien material, ninguna ambición, ningún poder. Por eso San Miguel en su nombre nos recuerda: “¿Quién como Dios?”.

El arcángel Gabriel aparece varias veces también en la Sagrada Escritura como el enviado a anunciar buenas nuevas desde el tiempo del profeta Daniel y después presentándose directamente a la Virgen María.
La Buena Nueva nos recuerda que estamos en las manos de Dios y Gabriel significa “fortaleza de Dios”.

Rafael aparece en el libro de Tobías como acompañante, consejero y portador de salvación. Su nombre significa: “Medicina de Dios”, o bien “Dios ha sanado”.

Así los Arcángeles, lejos de oscurecer la relación con Dios, nos vienen a manifestar esta relación tan estrecha que el hombre debe tener con su creador.
Retomemos cada uno de sus nombres y de sus actitudes.
Luchemos contra todo pecado fiados no en nuestra fuerzas, sino en la certeza que “no hay nadie como Dios”.

En los ambientes hostiles y difíciles, cuando haya caídas y fracasos, levantemos el rostro y recordemos que “Dios es nuestra fortaleza”.
Y en nuestro camino, en las debilidades y tropiezos, llegue hasta nosotros la certeza que es Dios nuestra medicina y remedio, que es quien nos acompaña y alienta en el camino.

Dios a través de sus Arcángeles, se nos manifiesta cercano a cada uno de nosotros.






Lunes 28 de Septiembre

(escuchar audio)

San Wenceslao

  • Job 1, 6-22: “El Señor me lo dio, el Señor me lo quitó: ¡Bendito sea el nombre del Señor!”
  • Salmo 16: “Señor, escucha nuestra súplica”
  • San Lucas 9, 46-50: “El más pequeño entre todos ustedes, ése es el más grande”

La Palabra de Dios siempre es actual y viene a responder a nuestras necesidades e inquietudes. Nunca como ahora nos hemos cuestionado sobre el mal y la injusticia, nunca como ahora nos hemos rebelado y gritado que no es posible tanta maldad.

Las preguntas se las hacemos al mismo Señor.
Y hoy su palabra inicia una reflexión que  no terminará solamente en este pequeño libro de Job, sino que nos lanza a buscar una forma de vivir y afrontar el mal en la misma dinámica que usó Jesús.

Es pequeño pero muy bello el libro de Job que hoy iniciamos en la primera lectura.
Con imágenes personificadas de Dios y del demonio, nos centra en el problema de la fidelidad a Dios y del mal en medio de los hombres.
Tentado por el demonio, la primera respuesta de Job ya es digna de nuestra admiración:
El Señor me lo dio, el Señor me lo quitó: ¡Bendito sea el nombre del Señor!”

Es una verdad que no agradecemos a Dios todo lo que nos ha dado y que después reclamamos lo que nos falta porque creemos injusto.

La primera actitud es sabernos en manos de Dios que nos ama.
Los siguientes días iremos retomando otra parte de este mismo libro que nos ayudarán a continuar en esta reflexión.

Pero este mismo día el pasaje del evangelio aborda dos temas que nos agobian y nos limitan en muchos sentidos: el pleito por saber quien es mejor y la división y discriminación entre grupos que se agreden, que se descalifican y se desconocen.
La respuesta de Jesús está basada en el mensaje que Él vive y que nos comunica:
¿Si todos somos hermanos por qué luchar por los primeros lugares?

Entre hermanos el más pequeño es el más grande.
Y en cuanto a las discriminaciones nos advierte que lo importante es optar por la construcción del Reino y que no importa de quien venga la solución.

Todo lo contrario a lo que a veces hacemos nosotros: negamos la validez de una propuesta solamente para atacar a quien piensa diferente de nosotros. También rechazamos soluciones porque provienen de grupos distintos.
No buscamos el bien de la comunidad.
Estas cuestiones tan importantes en nuestra vida conviene que hoy las examinemos a la luz de los criterios de Jesús.






Domingo 27 de Septiembre
XXVI Domingo Ordinario

(escuchar audio)

El sí de Jesús

  • Ezequiel 18, 25-28: “Cuando el pecador se convierte, salva su vida”
  • Salmo 24: “Descúbrenos, Señor, tus caminos”
  • Filipenses 2, 1-11: “Tengan los mismos sentimientos de Cristo Jesús”
  • San Mateo 21, 28-32: “El segundo hijo se arrepintió y fue.- Los publicanos y las prostitutas se les han adelantado en el Reino de Dios”

¡Qué difícil es cuando no se sabe si se puede contar con una persona!
Qué confusiones creamos con nuestras ambigüedades frente al evangelio, frente a Jesús o a nuestros compromisos con el prójimo. Decir que sí y después decir que siempre no; o bien decir que no, y al final de cuentas resulta que siempre sí; o decir que sí, pero un sí ambiguo que más bien suena a quién sabe; o decir que no, por temor al compromiso, aunque sabemos que deberíamos decir que sí. No, no se trata de discursos políticos, ni tampoco de promesas de campaña, es Jesús que exige una clara y contundente decisión frente al Reino de Dios, una determinación que no quede en palabras bonitas pero huecas, sino que se traduzca en hechos concretos y tangibles. Es cierto que en un primer momento parece dirigir un claro reproche al pueblo de Israel porque aparentemente han dicho a Dios que sí, que es su único Dios, que cumplirán todos sus mandamientos, que le serán fieles; pero después han tergiversado sus mandamientos, los han acomodado a su propio gusto y se muestran tan felices como si de verdad los estuvieran cumpliendo. Pero también se dirige a nosotros y nos pone el mismo ejemplo para que caigamos en cuenta que primero decimos sí y después actuamos como nos da la gana.
¿No es cierto que nos decimos cristianos, pero actuamos conforme a los valores del mundo?
¿No es cierto que los juramentos y las profesiones de fe se han convertido en palabras huecas que no nos llevan al compromiso?

“Yo creo”

 La fe en Dios no es un dubitativo “yo creo”, en el sentido mexicano de “no estoy seguro”, sino una firme y radical profesión de fe en un Padre que nos ama y que nos compromete a vivir como hermanos. Ya San Pablo les reclama a los cristianos de Filipos su manera contradictoria de vivir porque dicen profesar una fe y después actúan con rivalidades, presunciones y envidias que destruyen la comunidad. El ejemplo más elocuente es el mismo Jesús y les pide que tengan sus mismos sentimientos. Él no fue primero sí y después no. Asumió las consecuencias de un amor radical que lo lleva a despojarse de su condición divina, tomar la condición de siervo y hacerse semejante a nosotros al grado de morir en la cruz. Son consecuencias de una palabra dada, de una Palabra que se hace carne por amor, de una Palabra que se hace servicio y que, por lo mismo, con su Resurrección, da nueva vida. Los mexicanos nos caracterizamos por tener un facilísimo sí, que después no implica ningún compromiso. Gritamos y alabamos a la Virgen de Guadalupe, hacemos peregrinaciones y entonamos vivas a Cristo Rey, pero después pisoteamos los valores del Reino, nos mostramos intransigentes con el prójimo, rechazamos el perdón y no dudamos en herir, en humillar y en despreciar. Somos indiferentes a los valores del Evangelio e incluso nos vemos inducidos a comportamientos contrarios a la visión cristiana. Aun confesándonos católicos, vivimos de hecho alejados de la fe, abandonando las prácticas religiosas, mintiendo y cometiendo injusticias y perdiendo progresivamente la propia identidad de creyentes, con graves consecuencias morales, espirituales y sociales. Hay bastantes cristianos que terminan por instalarse cómodamente en una fe aparente, sin que su vida se vea afectada en lo más mínimo por su relación con Dios.

Un sí sostenido

Nuestra respuesta al amor de Dios nos debe llevar a un sí, sostenido y constante, que nos permita soñar metas que siempre habíamos creído inalcanzables y construir una nueva sociedad.  La fe es para vivirla, y debe informar las grandes y pequeñas decisiones y se manifiesta en la manera de enfrentarse con los deberes de cada día. No basta con asentir a las grandes verdades del Credo, tener una buena formación y algunos sacramentos. Es necesario vivir nuestra palabra, practicarla, ejercerla, debe generar una “vida de fe” que sea, a la vez, fruto y manifestación de lo que se cree. Dios nos pide servirle con la vida, con las obras, con todas las fuerzas del cuerpo, traducirlo en una nueva visión que consiste en mirar las cosas, incluso las más corrientes, lo que parece intrascendente, en relación con el plan de Dios sobre cada criatura. La vida cristiana no es un revestimiento externo, debe brotar del interior y manifestarse en el ejercicio de la esperanza y de la caridad. Se expresa a través del actuar humano, al que dignifica y eleva al plano sobrenatural. Nuestro sí nos llevará a imitar a Jesús cuya vida es una continua respuesta al amor de su Padre Dios, nos conducirá a ser hombres y mujeres de temple, sin complejos, sin respetos humanos, veraces, honrados, justos en los juicios, en los negocios, en la conversación, en la política, en la familia.

Actitud de conversión y comprensión

Nuestro sí y nuestra fidelidad no están reñidos con una clara conciencia de nuestra fragilidad. No nos hacen intransigentes ni inmaculados. Estamos expuestos al error y a la caída. Por eso Ezequiel invita a estar en actitud de constante conversión pues “cuando el pecador se arrepiente del mal que hizo y practica la rectitud y la justicia, él mismo salva su vida”.
Quien se cree a salvo de pecado está más cerca de caer. La parábola de Jesús tiene también este fuerte reclamo para los que se creen justos y desprecian a los demás. Parecería un insulto afirmar que las prostitutas y los publicanos se adelantaran en el Reino de Dios. Pero cuando el orgullo y la presunción se adueñan del corazón, nos alejan de Dios y nos convierten en jueces de los hombres. Así esta parábola nos deja una seria reflexión:
¿Cómo es nuestro sí y nuestro compromiso con Jesús?
¿Cómo nos hemos dejado invadir e influenciar por un mundo de mentira y corrupción?
¿Vivimos en actitud de conversión o nos convertimos en jueces de los hermanos?
¿Quiénes nos preceden ahora en el Reino de Dios?

Dios nuestro, que con un amor siempre fiel acompañas y perdonas a tu pueblo y nos das pruebas delicadas de tu misericordia, apiádate de nosotros, pecadores, para que no caigamos en la tentación de la mentira, sino que nos mantengamos fieles a tu amor y a tu bondad.
Amén.






Sábado 26 de Septiembre

(escuchar audio)

Santos Cosme y Damián

  • Eclesiastés 11, 9-12, 8: “Acuérdate de tu creador en tus años jóvenes, antes de que el polvo vuelva a la tierra y el espíritu vuelva Dios”
  • Salmo 89: “Tú eres, Señor, nuestro refugio”
  • San Lucas 9, 43-45: “El Hijo del hombre va a ser entregado.- Tenían miedo preguntarle acerca de este asunto”

Es curioso que los discípulos tan cercanos a Jesús, que han visto todas sus obras, que se atreven a confesarlo como el Mesías y que admiran sus prodigios, cuando Él les habla de la cruz, en sus muy diferentes formas, como lo hace en el pasaje de este día anunciando que “va a ser entregado”, ellos no se atreven a ir más a fondo.
¿Miedo al compromiso?
¿Posible desilusión frente a las expectativas que albergaban internamente?
No lo sé, pero a nosotros nos puede pasar igual.
Hay personas que cuando han tenido un grave problema o una caída muy fuerte, no se atreven a hacer oración por temor a lo que  el Señor pueda pedirles.
Otras veces hacemos la oración pero “un poco por encimita”, hablando mucho nosotros, pero no dejando que el Señor nos cuestione sobre nuestra manera de actuar.
A veces ponemos en la boca de Jesús palabras que nosotros quisiéramos escuchar para justificar nuestras acciones… casi siempre evitando un compromiso más serio, el desprendimiento de algo, o la aceptación de la cruz.
Quisiéramos hacernos una religión y unas normas a nuestro modo e incluso hacemos decir a la Biblia lo que nosotros queremos, manipulamos la Escritura.

Imaginemos la escena en nuestro tiempo.
Acerquémonos como uno más de los discípulos y escuchemos atentamente las palabras de Jesús: “El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres”.
¿Qué nos hace sentir y qué nos hace pensar?
¿A qué nos compromete que Jesús sea juzgado, vilipendiado y despreciado por los hombres?
¿Nos hace dudar de nuestro compromiso de seguirlo?
¿Por qué entonces callamos y nos turbamos cuando sucede diariamente en los ambientes  donde nos movemos?
¿Dudamos de Jesús tan sólo porque nos anuncia sufrimientos?

No guardemos silencio y no temamos preguntar.
Escuchemos sus palabras, oigamos sus argumentos y pensemos si estamos dispuestos a aceptar la cruz.

El Papa Francisco nos dice que el seguimiento de Jesús siempre encuentra alguna contradicción y que quien busca el Reino encontrará dificultades como el mismo Jesús, pero que debemos estar seguros de su presencia y compañía si de verdad nos arriesgamos por Él.






Viernes 25 de Septiembre

(escuchar audio)

  • Eclesiastés 3, 1-11:“Hay un tiempo para cada cosa”
  • Salmo 143: “Bendito sea el Señor, mi fortaleza”
  • San Lucas 9, 18-22: “Tú eres el Mesías de Dios. Es necesario que el Hijo del hombre sufra mucho”

Si ayer nos cuestionábamos sobre la verdadera identidad de Jesús a partir de las preocupaciones que manifestaba Herodes al contemplar la actuación de la que todo mundo hablaba, hoy la pregunta llega de una manera más personal y cercana a cada uno de los discípulos hecha por el mismo Jesús: “¿Quién dice la gente que soy yo?”

Ya ha realizado milagros, ya ha pronunciado su palabra, ya ha discutido con los escribas y fariseos y quiere descubrir qué ha quedado en el corazón de cada uno de sus discípulos.

Las respuestas, al igual que las formulaba Herodes, son positivas en cierto sentido porque lo comparan con Juan el Bautista, con Elías o con alguno de los antiguos profetas… pero ninguna revela lo que realmente es Jesús.
Es mucho más que un profeta o alguien que bautiza invitando al arrepentimiento.

Por eso nuevamente Jesús hace su pregunta y de una manera muy personal: “¿Ustedes quién dicen que soy yo?”

El discípulo no puede esconderse en el anonimato de la masa y tiene que dar una respuesta personal.
Pedro, siempre impetuoso y espontáneo, es quien presenta su respuesta: “El Mesías de Dios”, que ya es mucho más de lo que por ahí decían.

Representaba todos los anhelos de un pueblo, las expectativas de liberación y salvación, la reivindicación de quienes estaban sometidos al pueblo romano.
Pero Jesús no deja que su misión se limite y va mucho más allá de lo que pensaban sus discípulos: anuncia que la salvación y la redención tienen el camino de la cruz y la resurrección.
Esto no lo alcanzan a comprender sus discípulos sino hasta contemplar a Cristo resucitado.
La cruz no entraba en los planes de ninguno de sus seguidores.

Hoy la misma pregunta y las mismas precisiones nos hace Jesús a cada uno de nosotros.
No podemos escudarnos en lo que piensa la gente o en lo que opinan los demás.
No podemos poner excusas en las fallas o en los triunfos de los otros.
Cristo insiste: “Y tú, ¿Quién dices que soy yo?”






Jueves 24 de Septiembre

(escuchar audio)

Nuestra Señora de la Merced

  • Eclesiastés 1, 2-11: “No hay nada nuevo bajo el sol”
  • Salmo 89: “Tú eres, Señor, nuestro refugio”
  • San Lucas 9, 7-9: “A Juan yo lo mandé decapitar. ¿Quién es entonces éste de quien oigo semejantes cosas?

San Lucas poco a poco va mostrándonos en su evangelio el camino que debe seguir todo discípulo.
Después de decir que Jesús ha enviado a los Doce a predicar el Reino, nos describe las expectativas que va suscitando el mismo Jesús.
Herodes se ha enterado de sus actividades y “tenía curiosidad de ver a Jesús”.
La pregunta fundamental que se hace es: “¿Quién será éste del que oigo semejantes cosas?”
Ya había mandado decapitar a Juan el Bautista porque estorbaba su manera de vivir y ahora surge un nuevo profeta que no logra clasificar.

¿Es temor a que mine con su predicación su fama y su poder?
¿Es deseo de escuchar lo que afirman está predicando y que despierta el fervor de las multitudes?

No logra colocarlo ni entre los profetas ni como un Bautista resucitado, pero le causa curiosidad. ¿Quién es Jesús?
Es la pregunta fundamental que todos nos debemos hacer no como mera curiosidad, sino como un verdadero interés por descubrir sus palabras, sus acciones, su misión en medio de nosotros.

No debemos tener miedo a que nos reste fama, libertad o poder.
Sus palabras nos traerán la verdadera libertad, nos ayudarán a encontrar el verdadero tesoro y nos darán la salvación.
Pero necesitamos acercarnos a Jesús personalmente, sentir su contacto, descubrir su manera de ser y de actuar.
No podemos quedarnos sólo con lo que dicen los demás, necesitamos entrar a experimentar vivamente su presencia en medio de nosotros.

¿Quién es para ti Jesús?
¿Cómo lo has conocido y cuáles son las palabras que más te impactan?
¿En qué forma ha influido en tu vida?

Frente a Jesús no se puede pasar indiferente, tiene que optarse por seguirlo o por dejar a un lado la verdadera vida y seguir hundidos en la oscuridad.
La pregunta que se hace Herodes nos la debemos hacer cada uno de nosotros, no como mera curiosidad, sino con el deseo de conocerlo para poder seguirlo y servirlo.

Que este día tengas la oportunidad de conocer, de encontrarte y de sentir el amor de Jesús.






Miércoles 16 de Septiembre

(escuchar audio)

Santos Cornelio y Cipriano

  • I Corintios 12, 31- 13, 13: “Entre estas tres virtudes: la fe, la esperanza y el amor, el amor es la mayor de las tres”
  • Salmo 32: “Dichoso el pueblo escogido por Dios”
  • San Lucas 7, 31-35: “Tocamos la flauta y ustedes no bailaron, cantamos canciones tristes y no lloraron”

¿Quién puede dar gusto a todas las personas?
Bien dice el refrán popular: "No soy monedita de oro...", unos condenan y aborrecen lo que otros buscan y prefieren.
Lo que hoy era lo más agradable y solicitado, mañana se convierte en pasado de moda y detestable.

¿Cómo agradar a los hombres?
El mismo Jesús reclama a su generación esta incongruencia de exigencias.
Lo que rechazaban en Juan el Bautista ahora lo exigen del Mesías, y lo que condenan del Mesías, antes lo solicitaban del Bautista.

Cuando se tiene el corazón en lo exterior, siempre habrá manipulaciones e inconformidades.
Jesús invita a mirar lo que hay en el corazón.
San Pablo en su carta a los Corintios nos ofrece este día el bello pasaje que conocemos todos como el himno del Amor y nos centra en lo que es importante y puede llenar el corazón.

Ni los extremos del ayuno que hacía Juan el Bautista, ni los milagros de Jesús, son lo realmente importantes, lo que importa es el amor.
Y vaya que Juan tenía un amor fuerte como para soportar las adversidades, y vaya que Jesús se inflama de amor para recibir a los pecadores, para manifestarles misericordia, para darles nueva dignidad.
Pero si no descubrimos el verdadero amor estaremos siempre discutiendo qué podemos y qué no podemos hacer, criticaremos cada una de las acciones.

Descubrir el verdadero amor nos llevara a dar no sólo sentido a cada una de nuestras acciones, sino a nuestra vida misma.

Por eso San Pablo lo coloca por encima de todas las virtudes, porque sin amor lo que es generosidad se puede transformar en manipulación o exhibición, lo que es fe, se puede quedar en terquedad, lo que es servicio, se deforma y pierde su sentido.

Ya nos describe con mucha precisión las cualidades del amor:
comprensivo,
servicial,
no tiene envidia,
comprende todo,
disculpa todo,
todo lo cree.
¿Cómo es nuestro amor?
Si nos acercamos a Jesús y le decimos que nos inflame de su amor, podremos iniciar este camino bello, de entrega y donación que es el amor.






Martes 15 de Septiembre

(escuchar audio)

Nuestra Señora de los Dolores

  • I Corintios 12, 12-14. 27-31. “Ustedes son el cuerpo de Cristo y cada uno es miembro de Él”.
  • Salmo 99: “Sirvamos al Señor con alegría”
  • San Lucas 2, 33-35: “Y a ti, una espada te atravesará el alma”

Hoy nuestro pueblo celebra la fiesta de Nuestra Señora de los Dolores.
Recordamos que María está íntimamente asociada a la misión salvadora y redentora de su hijo Jesús. Ella, que estuvo al pie de la cruz, participó también de su resurrección y como madre nos acompaña y nos conduce a cada uno de nosotros en este camino de cruz y resurrección.
María del dolor,
María del silencio,
María de la soledad.
La Madre piadosa estaba junto a la cruz, y lloraba mientras el Hijo pendía”.
Dolor de Madre, dolor de amor, dolor de fracaso y desesperación.

Y desde entonces, María sigues, acompañando a tu Hijo en el dolor de todos los hombres, y desde entonces te haces presente en la incomprensión de la miseria y en la tragedia de los fracasos.

María, vivimos en un momento de gran confusión y terribles dolores.
La pandemia ha dejado luto, hambre e incertidumbre.
Hay muchos hogares que lloran la ausencia del hijo que un día se ausentó y que nadie sabe dar razón de su paradero.
Hay mamás que se desesperan buscando las huellas de un hijo secuestrado.
Hay padres que contemplan al hijo en la cruz de la droga y el alcoholismo.
Hay niños huérfanos, sin razones para vivir, porque sus padres fueron víctimas “colaterales del crimen”…

Hay dolor, resentimiento y angustia.
Y Tú, María de la Esperanza, comprendes el dolor de este pueblo y le puedes enseñar que la desesperación es la peor de las elecciones.
Tú, mirando en silencio la cruz, añades a esa cruz salvadora, el silencioso sufrimiento de los inocentes.

Has tomado contigo la cruz de Jesús, lo has seguido hasta el Calvario con el corazón desgarrado y hoy nos puedes enseñar que más allá de la cruz y de la muerte, de la injusticia y del crimen, está un Padre Misericordioso que ha resucitado a Jesús y que también a nosotros nos ofrece una vida eterna.

No quieres que nos crucemos de brazos, tú nunca te quedaste pasiva e indiferente, nos enseñas que hay que descubrir las ausencias del vino del amor, que hay que llevar el servicio y la alegría al que está necesitado, que hay que encontrar a Jesús que hace días que lo perdimos.
Pero nunca caes en el pesimismo y la desesperación.

Eres María de la Resurrección, eres María de la Comunidad, eras María de la Esperanza.

Hoy nos acogemos a ti, cúbrenos con tu manto. María, aquí tienes a tus hijos clavados en su cruz, condúcenos a la Cruz de tu Hijo para encontrar Resurrección.






Lunes 14 de Septiembre

(escuchar audio)

  • 1 Corintios 11, 17-26. 33: “Si hay divisiones entre ustedes, entonces ya no se reúnen a celebrar la cena del Señor”
  • Salmo 39: “Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad”
  • San Lucas 7, 1-10: “Ni en Israel he encontrado una fe tan grande”

Frente a un México pesimista y sumido en grave deterioro de valores, en la corrupción y ahora las consecuencias de la pandemia, muchos cristianos han optado por la indiferencia y se han quedado de brazos cruzados.

Las lecturas de este día cuestionan seriamente esta actitud mirando a Cristo como nuestra única esperanza y quien realmente nos puede mostrar el verdadero camino.
La fe de un oficial romano, que considera a Jesús capaz de dar salud y vida a su sirviente, abre nuevos horizontes a quienes decimos creer en Él, pero acabamos derrumbados frente a las dificultades actuales.

Cristo puede actuar y sigue actuando como lo hizo en aquellos tiempos.
Pero Cristo pide, exige, la participación de los cristianos.
San Pablo en la primera lectura de este día, habla fuertemente a los Corintios porque si bien participan de la Eucaristía no son capaces de superar las divisiones y las discriminaciones en sus asambleas.
La Eucaristía y el seguimiento de Jesús nos tienen que llevar a un compromiso serio de reconciliación y transformación de estructuras que discriminan y destruyen la fraternidad.

Nos dicen los obispos de México: “Los cristianos, confiando totalmente en Jesucristo, y sabedores de la responsabilidad que tenemos de cara al futuro de nuestra Nación, debemos disponernos a colaborar, junto a todos los hombres y mujeres de buena voluntad, en la construcción de una sociedad más justa y solidaria, que nos permita vivir de acuerdo con las exigencias de nuestra dignidad… Queremos un México que viva reconciliado, alcanzando una mayor armonía e integración en sus distintos componentes sociales y con sus diferentes orientaciones políticas, pero unificado en el bien común y en el respeto de unos y otros

Siguiendo los mismos sentimientos de San Pablo nos exhortan: “No debemos acostumbrarnos nunca a un escenario de desigualdad social y a una pobreza creciente, como si se tratara de un fatalismo insuperable o un determinismo sin salida".
El problema de fondo está “en la falta de fraternidad entre los hombres y entre los pueblos”.

Que este año, nuestras fiestas patrias tengan un gran sentido cristiano y fraternal.






Domingo 13 de Septiembre
XXIV Domingo Ordinario

(escuchar audio)

  • Sirácide (Eclesiástico) 27, 33-28, 9: “Perdona la ofensa a tu hermano para obtener tú perdón”
  • Salmo 102: “El Señor es compasivo y misericordioso”
  • Romanos 14, 7-9: “En la vida y en la muerte somos del Señor”
  • San Mateo 18, 21-35: Yo te digo que perdones no sólo siete veces, sino hasta setenta veces siete”

En medio de odios y venganzas

Al escuchar aquellos dos grupos sentí una gran impotencia. Las agresiones, los orgullos, el recuento de las ofensas, todo salía a relucir, y aunque están de acuerdo en que la división y los odios los están destruyendo, no es posible alcanzar ningún consenso. Cada quien, en su postura, cada quien, proyectando peores venganzas, cada quien sintiéndose agraviado y nadie con una mínima disposición para pedir o dar el perdón. Se ha hablado de reconciliación y en algún momento hasta se dieron la mano, pero todo quedó en palabras y pronto volvieron las agresiones. ¿Qué hay detrás del corazón del hombre que se ciega por los odios y los rencores y que no le permite ver la insensatez de las venganzas? ¿Por qué siempre nos sentimos agraviados y no somos capaces de mirar que nuestras acciones están dañando y ofendiendo a los hermanos? Así siguen lastimados y lastimándose por no otorgar el perdón

El odio destruye

Tanto en los tiempos de Jesús como en nuestro tiempo el corazón del ser humano está tentado por el odio y la violencia. Las graves matanzas que estamos sufriendo y que nos dicen que son consecuencias de venganzas entre cárteles rivales, los terribles asesinatos y los horrendos crímenes, no se pueden entender de personas con sentimientos humanos, muchos menos cristianos. Cuando hay odio y rencor el sentimiento de venganza hace presa de nuestro corazón, se nubla la razón, se endurecen nuestras entrañas y se cometen los más atroces actos. ¿Qué pasa en el corazón de una persona para obrar de tal manera? El odio y el rencor no sólo hacen daño a los otros sino que nos hacemos daño a nosotros mismos. Es como un fruto que se pudre para que otros no lo traguen, pero acaba podrido por dentro. Sólo el perdón auténtico, dado y recibido, será la fuerza capaz de transformar el mundo. Y no sólo pensemos en el plano meramente individual; el odio, la violencia y la venganza como instrumentos para resolver los grandes problemas de la humanidad están presentes también en el corazón del sistema social vigente. Hay pueblos, naciones enteras, que se mueven por sentimientos de odios y revanchas.

La más bella expresión del discípulo

La más grande muestra del discípulo de Jesús es el perdón o, en otras palabras, el amor a los enemigos. Amar a los que nos aman y nos tratan con consideración no tiene ninguna dificultad; pero amar a quien juzgamos que nos ha ofendido, requiere un heroísmo grande y una grandeza de corazón. El perdón es un don, una gracia que procede del amor y la misericordia de Dios. Pero exige abrir el corazón a la conversión, es decir, a obrar con los demás según los criterios de Dios y no los del sistema vigente. Sólo quien se sabe amado por Dios es capaz de amar gratuitamente a los demás, y sólo quien ha experimentado la grandeza del perdón de Dios, será capaz de superar las ofensas y dar de corazón el perdón. Es tratar a los demás como Dios nos ha tratado a nosotros, y muy al revés de lo que nosotros pretendemos cuando somos incapaces de ofrecer siquiera un poquito de lo que hemos recibido. El ejemplo de Jesús es por demás evidente: hemos recibido mil regalos de Dios: la vida, la salud, la familia, el tiempo… y somos malagradecidos ofendiéndolo con nuestros pecados. Recibimos su perdón, solamente porque nos ama. Pero por el contrario, nos sentimos muy indignados cuando un hermano no nos ha ofrecido el saludo, no ha respetado nuestro derecho o nos ha faltado en alguna cuestión. No hay proporción entre el amor que Dios nos otorga y el perdón que debemos ofrecer.

La paz basada en el perdón

Para Pedro es difícil entender el perdón. El Señor ha dado recomendaciones para corregir al hermano y ha puesto en alto el sentido de la comunidad, pero Pedro se muestra impaciente y hasta cansado con “tener que ofrecer” el perdón. El número de setenta implica cantidad y calidad: siempre y de corazón. Jesús lanza aún más lejos: “setenta veces siete”, es decir, el discípulo está llamado a la perfección, igual que su Padre Dios que hace salir el sol sobre buenos y malos. Estos números nos recuerdan también los que se manejan en el castigo a Caín que buscan romper la cadena de la violencia. Sólo el perdón puede restablecer la comunidad. Es cierto que debe haber corrección, pero debe brotar del amor a la comunidad y al hermano, y no del deseo de venganza. ¿Cuántas familias se han destruido porque un simple enojo se fue transformando en una cadena de rencores y venganzas? ¿Cuántas personas viven amargadas porque un familiar o sus padres, no les dieron el afecto que esperaban o cometieron una equivocación y ahora no son capaces de perdonar? Sólo experimentando el amor que Dios nos tiene, seremos capaces de superar nuestros deseos de venganzas. Si vivimos para Dios seremos capaces de construir un nuevo mundo donde reine la verdadera paz. No esa paz sostenida por las fuerzas y los temores, sino la paz sustentada en la seguridad del amor de Dios Padre.

Como nosotros perdonamos

El libro del Eclesiástico rema contra corriente. Mientras el mundo canta “¡qué dulce es la venganza!”, el Eclesiástico con toda verdad afirma: “Cosas abominables son el rencor y la cólera” y nos asegura que, para obtener el perdón, debemos perdonar. Nosotros rezamos diariamente el Padre Nuestro y decimos: “Perdona nuestras ofensas como nosotros perdonamos”. Algunos, eludiendo el compromiso, cambian estas palabras y dicen: “Perdona como nosotros deberíamos perdonar”, pero lo cierto es que nosotros debemos perdonar como hemos sido perdonados. Demos gracias hoy al Señor que nos perdona, porque gracias a su perdón nos sentimos libres, salvados y queridos. Pidamos que nos ayude a romper las barreras de odios y rencores que construimos para protegernos pero que acaban ahogándonos y sofocando nuestro espíritu. Aprendamos de Jesús, busquemos seguir sus huellas. ¿Qué pensará Jesús de esta persona a quien yo no quiero perdonar? ¿Cómo lo ama Jesús si por él dio su sangre? ¿Qué me dice Jesús de mis rencores y de mis odios?

Gracias, Padre Bueno, por el perdón tan generoso que siempre nos otorgas. Míranos con ojos de misericordia y transforma nuestro corazón para que, superando nuestros odios, aprendamos a perdonar y a amar a nuestros hermanos.
Amén.






Sábado 12 de Septiembre

(escuchar audio)

Santísimo Nombre de María

I Corintios 10, 14-22: “Aunque somos muchos, formamos un solo cuerpo, porque todos comemos del mismo pan”

Salmo 115: “Señor, te ofreceré con gratitud un sacrificio”

San Lucas 6, 43-49: “¿Por qué me dicen ‘Señor, Señor’, y no hacen lo que les digo?”

Las parábolas que nos presenta Jesús nos parecen tan sencillas y tan lógicas que no creemos que nadie pueda poner en duda lo que su enseñanza implica.
Sin embargo, a la hora de ir a la práctica,
¡hacemos todo lo contrario!

Sabemos y hemos experimentado que sólo un árbol bueno puede dar frutos buenos.
Sin embargo, nosotros nos empeñamos en sembrar discordias, sembrar dudas y esperamos cosechar paz y armonía.
Hemos plantado egoísmos e individualismos y queremos cosechar comunidad y fraternidad.
Nos hemos ufanado y enorgullecido de construir una nueva humanidad, pero no le hemos puesto cimiento; creímos que dejando hacer a cada quien lo que quisiera podrían estar todos felices; proclamamos que borrando a Dios del vocabulario y de la vida, se tendría una nueva libertad; permitimos que la globalización sembrara sus principios en el corazón y ahora estamos asustados de las competencias feroces, de empoderamiento de unos pocos, de lo inhumano de los poderosos.

¡Hemos quitado las bases y ahora el bello edificio se nos desmorona!

Jesús nos ofrece una seguridad, no al estilo del mundo que propone confort y seguridad basados en el dinero y en el poder, sino propone la seguridad de seguir y de vivir conforme a su palabra.
Es la aventura de seguir su estilo de vida y poner nuestra vida al servicio de los hermanos.
Y no acepta que esto sea sólo en palabras bonitas.
Ya estamos cansados de palabras y de promesas, lo que quiere Jesús y nos reclama son hechos claros y que se puedan comprobar.
No bastan rezos y ritos, se debe hacer lo que el Señor Jesús nos propone.

La comparación de la construcción de las dos casas es evidente y bastaría para que nosotros nos comprometiéramos seriamente con Jesús.
Su palabra hoy tiene sentido y nos proporciona una brújula que nos orienta en el camino.

Es hermoso cuando una persona, una familia o una comunidad, se toman en serio las palabras de Jesús.
Todo empieza a cambiar y pronto se ven los frutos.

Septiembre es el mes de la Biblia, sería una buena oportunidad para escuchar la palabra, reflexionarla en grupo, hacerla vida y compromiso.
De otra forma estaremos construyendo sobre arena.
Hoy que celebramos el Dulce Nombre de María podemos seguir su ejemplo y sembrar la palabra en nuestro corazón.






Viernes 11 de Septiembre

(escuchar audio)

  • 1Corintios 9, 16-19. 22-27: “Me he hecho todo a todos, para ganar a todos”
  • Salmo 83: “Qué agradable, Señor, es tu morada”
  • San Lucas 6, 39-42: ¿Acaso puede un ciego guiar a otro ciego?

De todos es conocido que es muy difícil encontrar un consejero sincero y sabio.
Podremos tener consultores económicos y fiscales, consejeros de negocios, pero encontrar a alguien en quien confiar nuestra vida, es bastante difícil.

Ya decía un escritor que nadie acepta consejos, en cambio todos estamos dispuestos a aceptar dinero, entonces, concluía, es más importante el dinero que los consejos.
¿Y quién se arriesga a dar un consejo?
Todavía más difícil, porque tendríamos que ponernos en los zapatos del otro, en sus circunstancias y limitaciones, para poder aconsejar con sabiduría.
Pero a lo que con frecuencia estamos dispuestos, es a criticar y a acusar.
Lo vemos en nuestra patria: son muchas las acusaciones de partidos y de personajes, y pocas las aportaciones y compromisos.

Esto sucede también en los grupos pequeños, en la comunidad y en la familia.
Por eso es la invitación de Jesús a buscar primero la armonía y el equilibrio interior antes de buscar dar a otros la paz que nosotros no hemos encontrado.

San Pablo en su carta a los Corintios nos manifiesta la forma en que él está predicando el evangelio: “sin estar sujeto a nadie, me he hecho todo a todos para ganarlos a todos”.

Se necesita estar muy cercano al otro, participar de sus necesidades y forma de sentir, escuchar, atender para poder entender.
No, de ninguna manera se trata de solapar o condescender con el mal.
Ser muy claro para denunciar qué está mal, pero no condenar al que se ha equivocado.
Ser duros con el pecado, pero no con el pecador.
Y también esto es lo que hace Cristo como nos lo manifiesta a cada momento San Lucas.
Siempre está dispuesto a la misericordia, pero también siempre tiene una gran claridad para desenmascarar el pecado y la mentira.

¿Quiénes son ahora nuestros guías y hacia dónde nos están llevando?

Tendremos que pensar si la sentencia de Jesús condenando a “guías ciegos”, no se hace duramente real en nuestros ambientes.

¿De dónde toman los jóvenes sus modelos?
¿Cuáles son las aspiraciones que van poniendo en su corazón?

Son muchas las preguntas y las reflexiones que hoy nos podemos hacer delante de Jesús.
Que solamente Él sea nuestro guía y nuestro maestro.






Jueves 10 de Septiembre

(escuchar audio)

San Nicolás Tolentino

  • 1Corintios 8, 1b-7. 11-13: “Haciendo daño a la conciencia de sus hermanos, pecan ustedes contra Cristo”
  • Salmo 138: “Señor, no dejes que me pierda”
  • San Lucas 6, 27-38: “Sean misericordiosos, como su Padre es misericordioso”

Se acercan las fiestas patrias y ahora no tienen la libertad y la espontaneidad de otros años, que salpicaban con sus gritos y sus ruidos todos los rincones de nuestra patria.
Muchos ciudadanos piensan, con toda razón, que las situaciones actuales no están para celebraciones y fiestas, sino todo lo contrario: que al conmemorar nuestra historia, miráramos nuestra patria desde la fe y nos comprometiéramos a servir a la nación colaborando a construir un proyecto de vida al estilo de Jesús.

Ser cristianos y mexicanos nos compromete a luchar a favor de la promoción humana individual y social con una perspectiva que nos lleve más allá de lo puramente material.
Tendremos, todos, que aportar para hacer realidad ese anhelo legítimo de libertad y justicia que hay en todos los corazones.

El Evangelio de este día nos ofrece pistas muy oportunas para asumir todos, nuestra responsabilidad ante los desafíos que el presente nos ofrece y está muy acorde con las situaciones actuales: combate frontal a la pobreza, educación integral y de calidad para todos, y trabajar por la reconciliación, armonía e integración, de los distintos componentes sociales.

Al igual que Jesús asumimos que la reconciliación debe ser un servicio que los discípulos aporten a nuestra sociedad con su testimonio, respeto, perdón y valoración de los demás.
Si Cristo propone el perdón, el amor a los enemigos, nosotros también sabemos que la justicia, la libertad, la pluralidad y la continua construcción del País, sólo se garantiza si dejamos a un lado la violencia que sólo provoca muerte, atraso y destrucción.

Nadie tiene derecho a sembrar un estado de miedo y de muerte, mediante actividades ilícitas y delincuenciales poniendo en riesgo todo lo que hemos alcanzado en nuestro camino histórico, como es la libertad y las instituciones democráticas.

Hoy, coloquemos nuestra patria delante de Jesús, hagamos nuestra oración y pensemos qué nos pide Jesús que aportemos para la construcción de una patria que semeje al Reino que Él vino a instaurar.






Miércoles 09 de Septiembre

(escuchar audio)

San Pedro Claver

  • I Corintios 7, 25-35: “¿Estás casado? No te separes de tu esposa. ¿Eres soltero? No te cases”.
  • Salmo 44: “El rey está prendado de tu belleza”
  • San Lucas 6, 20-26: “Dichosos los pobres.- ¡Ay de ustedes los ricos!”

La opción por los pobres es uno de los pilares que sustentan la identidad de la Iglesia, sobre todo ahora que, como dijo alguien, “se ha puesto de moda con el Papa Francisco”.
Pero no es moda, no es imagen, sino tiene que ser una realidad brotada del evangelio.
Todo el Evangelio es buena nueva, pero las Bienaventuranzas, forman el núcleo que hace diferente la propuesta de Jesús.

San Lucas las sitúa en un llano para mostrar a Jesús junto al pueblo, muy cerca de las personas.
Presenta cuatro, unidas a los “ayes” o “malaventuranzas”, y nos hace enfrentarnos a la dura realidad de la pobreza, de la miseria, del dolor y el hambre.
Conviene tener muy presente a quienes llama Jesús “felices” y de quienes se lamenta porque podemos estar buscando la felicidad inmediata y olvidarnos de lo que Él valora.

Jesús llama “felices y dichosos” a cuatro clases de personas:
los pobres,
los que pasan hambre,
los que lloran
y los que son perseguidos por causa de la fe.

Y se lamenta y dedica sus “ayes”, que algunos llaman maldiciones, a cuatro clases de personas:
los ricos,
los que están saciados,
los que ríen
y los que son adulados por el mundo.

¡Qué diferentes son nuestros valores y conceptos!
Es muy distinta la ambición y la motivación del hombre actual, o quizás del hombre de todos los tiempos.

Y nosotros
¿dónde estamos?
¿Dónde ponemos nuestra felicidad?

Jesús desestabiliza la escala de valores que predomina en la sociedad.
Las bienaventuranzas expresan un radical cambio en los valores que la presencia del Reino pide.
Es más, son signo de la presencia de ese Reino:
proclaman la llegada de las promesas mesiánicas.

Quien dice sí a Jesús encuentra el gozo de sentirse amado por Dios y se hace participante de la historia de la salvación juntamente con los profetas y con el mismo Jesús.
Alguien me ha preguntado cómo puede ser feliz una persona siendo pobre.

Es difícil responder con teorías.
Yo los invito a contemplar a Jesús.
Yo creo que Jesús es inmensamente feliz y sin embargo es pobre.

Las bienaventuranzas que proclama están íntimamente unidas a su persona y son la manifestación de que se puede ser realmente feliz.
Las bienaventuranzas no están separadas de quien las ha pronunciado.

Si Él nos dice que son felices los pobres y quienes tienen hambre, es porque Él es feliz y quiere hacernos participes de su misma felicidad.
¿Dónde ponemos nosotros el corazón?






Martes 08 de Septiembre

(escuchar audio)

Natividad de la Virgen María

  • Romanos 8, 28-30: “A quienes Dios conoce de antemano, los predestina”
  • Salmo 12: “Me llenaré de alegría en el Señor”
  • San Mateo 1, 18-23: “La virgen concebirá y dará a luz un hijo”

Hoy celebramos una fiesta llena de sentido para el pueblo cristiano:
la Natividad de la Virgen María.
No es que sepamos con certeza cuándo nació la Virgen María, pero las personas sencillas quieren, por una parte, reconocer y celebrar a María en su “cumpleaños”, pero por otra reconocer el camino de salvación que ha seguido Jesús.
El Dios Trascendente y Todopoderoso se hace historia concreta en la carne de María.
Por eso hoy no encontramos el texto bíblico del nacimiento de María, que no existe, sino el texto del nacimiento de su hijo Jesús, que nos da la posibilidad de entrar en un contacto cercano con este Emmanuel, Dios con nosotros.

A través del seno de María ha tomado carne para acompañar a la humanidad en su búsqueda de salvación.
Al recordar el nacimiento de María, recordamos que Dios la ha escogido para ser la Madre de Dios y es el inicio y como preludio, de la llegada del Salvador.

En María, madre de Dios y madre nuestra, encontramos cómo Dios Padre va preparando la venida del Salvador al mundo.
Al alabar a María y contemplar el camino de salvación, el verdadero cristiano no se puede quedar de brazos cruzados esperando que llegue la salvación.

La misma forma de actuar de María que escucha la palabra, que la cree con todo su corazón, que la guarda y la hace fecunda, que la transforma en servicio pronto, que acompaña a Cristo hasta la cruz, que alienta en la esperanza a la Iglesia naciente, es una señal para cada uno de nosotros que nos ayuda a mirar cómo debemos hacer nuestro camino y cómo debemos también nosotros aportar nuestro esfuerzo para construir en este mundo el Reino de Dios.

El Reino ya está aquí, pero para hacerse realidad se requiere la acción de los discípulos del Señor.
¿Cómo estoy yo en este día y en este lugar participando en la construcción del Reino de Dios?
¿Qué signos y señales descubro en medio de mi mundo de que Dios se hace presente en nuestra historia?
¿Cómo puedo yo imitar a María para aportar al plan de salvación?

Que María con su intercesión y su ejemplo nos acompañe y ayude en la búsqueda del Señor.






Lunes 07 de Septiembre

(escuchar audio)

  • 1Corintios 5, 1-8: “Tiren la vieja levadura, pues Cristo, nuestro cordero pascual, ha sido inmolado”
  • Salmo 5: “Condúceme, Señor, por tu camino santo”
  • San Lucas 6, 6-11: “Estaban acechando a Jesús para ver si curaba en sábado”

Es sorprendente la capacidad del hombre para aprender aún en su edad más avanzada.
Por desgracia a veces, a veces tomamos la actitud del sabelotodo y perdemos grandes oportunidades de aprender cosas nuevas.

Hoy encontramos a Jesús que visita la sinagoga y se pone a enseñar.
Es la actitud del maestro que comparte y ayuda a los discípulos a encontrar el camino.
Nosotros también este día nos podemos acercar a Jesús no con actitud acechante, sino con actitud de escucha y de quien confiadamente se deja guiar en su aprendizaje.

Lo que hoy enseña Jesús no son cosas superficiales, busca darnos a conocer qué es lo bueno y qué es lo malo, qué cosas salvan y qué cosas destruyen.
Ante los escribas y fariseos que aducen una ley que fue creada para dar vida, Jesús les muestra que las leyes también pueden convertirse en ataduras y destruir a las personas cuando no se entiende su espíritu.

También esta enseñanza es para cada uno de nosotros:
lo básico en nuestra vida es descubrir qué es bueno y qué es malo.
Ésa es la verdadera sabiduría a la que debemos aspirar.
Una mano paralizada y un hombre enfermo son las señales que Jesús utiliza para darnos a conocer lo más profundo de su enseñanza:
el bien y el mal brotan del corazón del hombre y van directamente en  beneficio o perjuicio de sus hermanos.

No nos quedemos nosotros hoy con las manos entumecidas para hacer el bien, escuchemos la Palabra de Jesús que viene a darnos vida.
Pero también aprendamos nosotros la enseñanza de Jesús, acerquémonos no en actitud de acechanza ni con malas intenciones, abramos nuestro corazón que la Palabra de Dios siempre será para enseñarnos a caminar rectamente por el camino de la vida.

Como discípulos escuchemos atentamente
¿Qué nos quiere decir hoy Jesús con sus palabras y con sus acciones? ¿Damos nosotros más importancia a las leyes y costumbres que a la dignidad y necesidades de las personas?






Domingo 06 de Septiembre
XXIII Domingo Ordinario

(escuchar audio)

  • Ezequiel 33, 7-9: “Te he constituido centinela para la casa de Israel”
  • Salmo 94: “Señor, que no seamos sordos a tu voz”
  • Romanos 13, 8-10: “Cumplir perfectamente la ley, consiste en amar”
  • San Mateo 18, 15-20: “Si tu hermano te escucha, lo habrás salvado”

El faro

Situado en un peñón, como si estuviera metido en el mar, el viejo faro parece pasar inadvertido en medio de los nuevos y lujosos hoteles que han ido bloqueando la playa. Durante el día parece descuidado y sucio, pero para los pescadores y las embarcaciones se torna, durante la noche, un auxiliar de suma importancia ¡Qué generoso es el faro! Discreto y anónimo durante la claridad; alerta y luminoso durante la noche y la tempestad. Me dicen que desde el mar los barcos no sólo ven la luz del faro, que les advierte de la proximidad de la costa, sino que también lo identifican por los intervalos y los colores de los haces de luz, de forma que pueden reconocer frente a qué punto de la costa se encuentran. Algunos faros también están equipados con sirenas, para emitir sonidos en días de niebla densa, cuando el haz luminoso no es efectivo

Centinela

Frente a una comunidad como la nuestra que manifiesta tan graves señas de deterioro, suenan actuales y urgentes las palabras dirigidas a Ezequiel: “te he constituido centinela de la casa de Israel”, que unidas a las palabras de Jesús respecto a la corrección fraterna nos dan pistas muy valiosas para el momento presente. No parece que a Ezequiel se le confíe el cargo de policía como lo entendemos nosotros: un guardián que cuida el orden y que debe corregir y detener a quienes lo perturban. Me parece que tiene un sentido más profundo como el del hermano preocupado por el hermano y quizás la imagen del faro, unida a del centinela, nos ayude a entenderlo. No constituye el Señor un guardián que vaya detrás de sus hermanos juzgando sus acciones y haciendo la vida imposible. Esas funciones con frecuencia las adoptamos nosotros y somos capaces de juzgar hasta lo que no sucede y de condenar a los demás sin conocer sus verdaderas intenciones.

En medio de la oscuridad y la tormenta

El centinela, igual que el faro, tiene la obligación de gritar, de hacer sonar su sirena, y no podrá estar tranquilo hasta que despierte la conciencia del otro. Un barco que se estrella contra los acantilados es el peor fracaso del faro. El hermano que se destruye o destruye la comunidad no solamente es culpa suya, también es responsabilidad nuestra. Tenemos que tener muy clara la misión: no podemos actuar por el otro, no podemos hacer las tareas del hermano, pero sí tenemos que despertar la conciencia. No puedo hacer la tarea del otro, pero sí puedo despertar su responsabilidad. Cuando es más densa la oscuridad y cuando arrecia más la tormenta, entonces aparecen con mayor claridad y son más valiosas las luces del faro. No puede el faro suprimir la oscuridad ni la tormenta, pero puede manifestar los peligros y mostrar un camino seguro. Hay algunos cuando llega la tormenta reniegan, despotrican e insultan. Les echan la culpa a los otros. El faro simplemente ilumina, llama y conduce. Abre caminos para el que se sentía perdido, renueva la esperanza del que ya no tenía ganas de luchar.

Aportar luces y esperanza

El centinela no manifiesta únicamente las cosas negativas, no es un juez que esté al acecho para condenar. El centinela se goza y se alegra al descubrir y señalar las cosas buenas y al hacer resaltar su presencia. Tendrá que ayudar a descubrir los pequeños gérmenes de verdad, los indicios de justicia y las luchas nobles por la paz. Tendrá que despertar esperanza y alentar los esfuerzos sinceros por el bienestar de la comunidad. Es cierto que la convivencia en la familia, en la comunidad o en la sociedad, sea del tipo que sea, se ve deteriorada constantemente por múltiples factores que rompen y condicionan las relaciones entre compañeros, familiares y amigos. Pero el centinela no está para condenar, sino para prevenir, para corregir y para dar nuevos caminos y nuevas opciones.

Responsabilidad frente al hermano

Nadie puede decir que a él no se le confió esta misión. Es cierto que dentro de la Iglesia y de la sociedad hay personas que tendrían la obligación de cumplir esta tarea, pero todos tenemos la responsabilidad de ser centinelas que ayuden a señalar, a conducir y a encaminar. No podemos adoptar la actitud de Caín cuando se le pregunta por Abel:
“¿Soy acaso el guardián de mi hermano?”.
Todos tenemos la obligación del amor por el hermano. Todos debemos ser lo suficientemente críticos para develar la mentira cuando se disfraza de honestidad, para desenmascarar las injusticias y descubrir la maldad. Ah, pero tenemos que tener mucho cuidado porque podemos deformar esta misión y convertirnos en criticones exacerbados de los demás, mientras somos complacientes con nuestras propias faltas. La misión no es condenar sino animar aun a aquel que con fatiga y esfuerzo va dando tumbos en busca de la verdad y del bien.

Centinela como Jesús

Dentro de la comunidad nadie puede vivir aisladamente y a todos nos toca ser responsables del caminar de la comunidad. Cristo lo expresa de una manera muy bella al manifestar que cuando dos se ponen de acuerdo para pedir algo seguramente lo lograrán. Cuando se rompe la coraza del individualismo y se unen los esfuerzos para buscar el bien común, se alcanzan objetivos nunca soñados. En cambio, cuando cada quien persigue sus propios intereses, se va minando la confianza, se destruye la fraternidad. El mejor ejemplo de corrección fraterna es el mismo Jesús. Todas las recomendaciones que ahora nos da, las ha vivido de una manera plena. Nunca está de acuerdo con el pecado, pero ama al pecador, se acerca a él, le muestra su interés, le descubre su error y lo invita a la conversión. Pensemos cómo actuó con la samaritana, no la condenó, la escuchó, le ofreció su agua, su luz y le ayudó a descubrir el manantial que llevaba adentro. Recordemos a Zaqueo, tampoco lo condenó, simplemente lo trató con dignidad y le ofreció la posibilidad de alcanzar una vida mejor. Cristo es como un faro, como una luz, no hace daño a nadie, pero sí manifiesta abiertamente la realidad. No está de acuerdo con la injusticia, la denuncia, pero no condena, sino que ofrece caminos de luz.

¿Cómo es nuestra responsabilidad frente a la comunidad?
¿Nos preocupamos y ayudamos a los demás o solamente los criticamos y destruimos?
¿Cómo resolvemos los conflictos en la familia, en los grupos y en la sociedad?
¿Educamos para la reconciliación, el perdón y la paz?

Padre bueno que nos has hecho para vivir en relación y en comunidad, concédenos la humildad necesaria para reconocer nuestras faltas, el amor fraterno frente a las equivocaciones de los demás y un espíritu de comunión donde encontremos reconciliación, perdón y armonía.
Amén






Sábado 05 de Septiembre

(escuchar audio)

  • 1Corintios 4, 6-15: “Pasamos hambre y sed, vamos pobremente vestidos”
  • Salmo 144: “El Señor cuida de quienes lo aman”
  • San Lucas 6, 1-5: “¿Por qué hacen lo que está prohibido hacer en sábado?”

Al escuchar tantas historias en que se involucra a la Iglesia, al leer tantos insultos y agresiones en contra de los sacerdotes y de los fieles, al avergonzarnos de los escándalos que nos restriegan en la cara, un joven me preguntaba si todavía hoy tendría sentido ser cristiano cuando parecería que todos están en contra de los discípulos de Jesús.
Por respuesta sólo atiné a recordar que, si queríamos seguir a Jesús, tendríamos que cargar con su cruz.

Hoy San Pablo en la lectura que la liturgia nos ofrece, va más allá y afirma: “Dios nos trata como a los últimos de todos, como a gente condenada a las fieras, pues nos hemos convertido en un espectáculo para el mundo… Somos los locos a causa de Cristo” y añade muchas otras vicisitudes que tiene que sufrir el discípulo de Jesús.

Ojalá que nosotros sufriéramos por ser fieles al evangelio.
No importa que el mundo vaya por otros derroteros y que se burle de nosotros pero que seamos fieles a Jesús.
Miremos qué es lo que Cristo nos pide como esencial y no nos importe que el mundo se burle de nosotros.
Si nos hemos equivocado, seamos humildes y reconozcamos nuestros errores, levantémonos y sigamos adelante.
Pero miremos estar viviendo de acuerdo a lo que Jesús nos propone.

El Papa Francisco al mismo tiempo que reconoce y se duele por los pecados de la Iglesia, ha tomado una actitud valiente de renovación, de aprecio por los sacerdotes y los agentes de pastoral, que a todos nos debe animar.

En evangelio de San Lucas encontramos que ya también a Él y a sus discípulos los atacaban y criticaban por no adaptarse a las leyes de su tiempo y Jesús recuerda que lo que hay que buscar es lo esencial que nos pide el Señor, lo que da dignidad al hombre, lo que lo hace verdadero dueño del tiempo.

Jesús es dueño del sábado para dar gloria a su Padre, no se hace esclavo ni de las costumbres, ni de los ritos, busca dar vida.
Nosotros sus discípulos
¿estamos dando vida o nos hemos quedado atorados en costumbres?
¿Qué pensará Jesús de nuestra forma de vivir?
¿Cómo mirará nuestros ritos y oraciones?
¿Cómo está nuestro corazón?






Viernes 04 de Septiembre

(escuchar audio)

  • 1Corintios 4, 1-5: “El Señor pondrá al descubierto las intenciones del corazón”
  • Salmo 36: “La salvación del justo es el Señor”
  • San Lucas 5, 33-39: “Vendrá un día en que les quiten al esposo y entonces sí ayunarán”

Entre las buenas costumbres que más me sorprendían en las comunidades de la diócesis de San Cristóbal era su disposición para hacer ayuno y oración, además de la eficacia que con frecuencia en ellos encuentran.
Si hay alguna dificultad grave, si no han podido llegar a un acuerdo después de grandes diálogos, entonces recurren a la oración y al ayuno.
No como algo mágico, sino como un disponer el corazón para la solución que haga surgir el Señor y con frecuencia se presentan soluciones por donde menos lo esperaban.
Han hecho del ayuno una táctica de conversión y de disposición para nuevas oportunidades.

Encontramos en el pasaje de hoy, un reclamo a Jesús porque sus discípulos no ayunan y no hacen oración como sí lo hacen los discípulos de Juan y de los fariseos.
La respuesta de Jesús nos lleva a profundizar en este acto piadoso:
lo más importante es sentir la presencia de Dios en medio de nosotros; si el ayuno nos lleva a esto, tendrá sentido.

Si a pesar del ayuno nosotros seguimos practicando nuestras maldades, entonces estaremos poniendo remiendos y parches a lo que no tiene solución.
El ayuno y la oración entendidos como medios de ponerse en presencia de Dios, tienen un gran valor espiritual, pero si solamente responden a ritos y costumbres, pierden todo su sentido.
Cuando los ritos y las costumbres tratan de suplir el contenido de una relación especial con Dios que nos compromete a una vida de comunidad, no pueden tener valor.

A nosotros nos sucede con frecuencia que solamente nos quedamos en los signos exteriores y olvidamos lo que significa.
Asistimos a misa, pero no dejamos tocar nuestro corazón por la Palabra del Señor; vivimos los sacramentos como actos sociales; practicamos algunas costumbres religiosas, pero sin comprometernos con el Señor Jesús.
Hacer de la oración y el ayuno un camino de diálogo y de encuentro con Dios, tendrá mucho sentido.

Nos ayudan a disponer el corazón y a colocarnos en manos del Señor.
No pongamos remiendos, miremos cómo está nuestro corazón y cómo responde al amor de Jesús.






Jueves 03 de Septiembre

(escuchar audio)

San Gregorio Magno

  • 1Corintios 3, 18-23: “Todo es de ustedes, ustedes de Cristo, y Cristo es de Dios”
  • Salmo 23:   “El Señor bendice al hombre justo”
  • San Lucas 5, 1-11: “Dejándolo todo, lo siguieron”

Retomando las palabras de Pablo:
Todo es de ustedes, ustedes son de Cristo y Cristo es de Dios, iniciamos nuestra reflexión.

Todo parece muy normal en el escenario a orillas del lago de Genesaret.
Es la escena familiar y cotidiana de un grupo de pescadores: lavar las redes, ponerlas a secar, sacar la barca, recoger los peces… y hasta ahí, hasta lo ordinario, llega Jesús de un modo extraordinario.
Jesús inicia su mensaje de salvación desde una barca de pescadores desalentados por la pobre pesca lograda después de una noche de labor.
Es la misma situación de un pueblo que ha luchado y esperaba durante años la liberación, la abundancia, que se encuentra bajo la opresión del Imperio Romano y que ha ido perdiendo poco a poco sus esperanzas.
Pero ahora desde esa barca se despiertan nuevas ilusiones y se escuchan palabras que renuevan la esperanza y que alientan a seguir luchando.
No son las mismas promesas de siempre, es una buena nueva que toca el corazón y hace renacer las fuerzas.

Después las palabras que muchas veces hemos escuchado y que siempre tendrán para cada uno de nosotros un nuevo sentido:
Lleva la barca mar adentro”, rema mar adentro, lánzate de nuevo.
No valen las excusas del cansancio o de anteriores fracasos, siempre está Jesús para acompañar y para despertar los deseos de una nueva empresa que logre al fin la liberación prometida.
Los reclamos de Pedro terminan poniendo su fe en la “Palabra” que habían escuchado.
La pesca es sorprendente.

Hoy también Jesús se acerca a nosotros, allí donde vivimos lo cotidiano y ordinario de la vida, allí donde parece que se han perdido las esperanzas, allí donde parecería que ya hicimos todo y no hemos obtenido frutos.

Pero si escuchamos esa “Palabra” dicha con sencillez, si nos dejamos acompañar, si hacemos como Él nos dice, no dudemos que podremos obtener una pesca maravillosa.

No son los milagros extraordinarios los que cambian el corazón, son los que brotan de transformar cada momento de nuestra vida en una acción de fe y esperanza, en un momento de encuentro con el Señor.






Miércoles 02 de Septiembre

(escuchar audio)

Beato Bartolomé Gutiérrez

  • 1Corintios 3, 1-9: “Nosotros somos colaboradores de Dios, y ustedes campo de Dios y construcción de Dios”
  • Salmo 32: “Dichoso el pueblo escogido por Dios”
  • San Lucas 4, 38-44: “También a otros pueblos tengo que anunciarles el Reino de Dios, pues para eso he sido enviado”

En los últimos años se ha insistido mucho en la discriminación de la mujer, se han hecho marchas y manifestaciones y se expone con mucho realismo la situación difícil y discriminatoria que vive la mujer no sólo en las comunidades, sino en las familias, en la escuela y en casi todos los ámbitos de nuestra patria.

Han sido siglos de un machismo exagerado que ahora, cuando se trata de superarlo, con frecuencia de adoptan posiciones extremas.

Jesús durante toda su actividad aparece sensible y cercano a toda esta situación de la mujer, que en aquellos tiempos era mucho más discriminatoria y esclavizante.

En el pasaje que San Lucas nos ofrece este día, la suegra de Pedro sufre la enfermedad y le piden a Jesús que haga algo por ella. Jesús, de pie junto a ella, manda con energía a la fiebre y la fiebre desapareció.
Ésta es la actitud de Jesús: ponerse cercano, quitar las enfermedades, restablecer en dignidad.
Es triste que muchas mujeres en búsqueda de libertad, caigan en un liberalismo y hedonismo que asusta.
No queriendo quedar oprimidas por los hombres, caen en cadenas de sensualidad, de odios, de irresponsabilidades.

Jesús nos enseña la verdadera relación que puede haber con la mujer:
respeto, escucha, atención y valorarla en toda su dignidad.
Si miramos e imitamos esta forma de ser y de actuar de Jesús, podremos superar rivalidades y luchas sin sentido que impiden superación, armonía y unidad.

El Papa Francisco insiste en que en la Iglesia y en la sociedad no le hemos dado su valor real a la mujer.
Que sigue siendo discriminada, tenida muy poco en cuenta.
Que tenemos que reconocer el papel importante que juega, no en comparaciones o pleitos de poder, sino en el papel importante de la Evangelización y construcción del Reino.

Hoy contemplemos la actuación de Jesús frente a la mujer, frente a todos los que estaban enfermos y aprendamos de Él.
Las multitudes lo buscan porque en Él encuentran verdadera vida y libertad.
¿Qué espero yo de Jesús?
¿Por qué lo busco?
¿Qué me enseñan en este día?






Martes 01 de Septiembre

(escuchar audio)

  • 1Cor 2, 10-16: “El hombre con su sola inteligencia no puede comprender las cosas del Espíritu de Dios. En cambio, el hombre espiritual puede juzgar correctamente todo”
  • Salmo 144: “El Señor es justo y bondadoso”
  • San Lucas 4, 31-37: “Sé que tú eres el Santo de Dios”

¿Por qué te metes con nosotros?

Son las palabras del endemoniado frente a Jesús de Nazaret.
¿No serán nuestras palabras también?

En días pasados en un noticiero un comentarista afirmaba que no tenemos porque dejar que Jesús juzgue nuestras instituciones y sea el árbitro de nuestras acciones.
Que para él no importaba si fueran buenas o malas, que sólo le interesaba que estuvieran conforme a la ley.

Quizás sea también la postura, abierta o implícita, de muchos de nosotros.
Reconocemos la gran importancia de Jesús y su bondad, pero queremos dejarlo encerrado en las vitrinas de nuestras iglesias y en los pasillos de las sacristías, que no intervenga en nuestros asuntos y que no se tomen como criterio sus enseñanzas y su doctrina.

Todo lo contrario a lo que sucede en el pasaje que acabamos de escuchar: Cristo se presenta “metido” entre la gente, en su oración, en sus preocupaciones, en su enseñanza, pero además lo hace con autoridad y para colmo de males, expulsa un demonio.
Quizás esto nos agradaría más porque siempre imaginamos al demonio como un personaje maléfico, horrible y que nos causa pavor.
Pero si lo pensamos como el tentador, como el que provoca la división y la codicia, como el que sonríe porque hemos caído entre sus garras… quizás también nosotros le dijéramos a Jesús que por qué se mete con nosotros.

El Papa Francisco está convencido de que la presencia de Jesús debe influir directamente en nuestra vida social por eso dice:
La tarea evangelizadora implica y exige una promoción integral de cada ser humano... Por consiguiente, nadie puede exigirnos que releguemos la religión a la intimidad secreta de las personas, sin influencia alguna en la vida social y nacional... Todos los cristianos, también los Pastores, están llamados a preocuparse por la construcción de un mundo mejor... Así que hoy dejemos que Cristo se acerque a nuestras vidas, que expulse los demonios de la ambición, de la codicia y del placer que se quieren adueñar de nuestros corazones.

Dejemos que Cristo actúe en nuestras personas.






Parroquia

Actividades Parroquiales

Digita o da clic aquí Toda la información en un solo lugar
Más...

Comenzar de Nuevo

Comenzar de Nuevo, una maravillosa experiencia de vida
Más...

CUARESMA 2022

Misal ABRIL 2022
Más...

Guía examen de conciencia

Guía para el examen de conciencia como preparación al sacramento de la Penitencia.
Más...
Sagrado Corazón de Jesús | Logo
Parroquia Sagrado Corazón de Jesús | Torreón, Coahuila | 2020 | 
Aviso de Privacidad
arrow-upfacebookunlock-altwhatsapp